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domingo, 16 de junio de 2013

REPORTAJE A MUJERES

Mujeres que avanzan juntas por la senda del aprendizaje
 
Imagen de la fachada del centro social polivalente Mujer Gades en la calle Alcalá Galiano

Siete gaditanas cuentan cómo les ha cambiado la vida asistir al centro social polivalente Mujer Gades, donde han aprendido a leer y escribir y están creciendo como personas.
             
Viajó a la capital española hace unos días, en tren. Nada más pisar la estación, descubrió Madrid. No la ciudad, sino la palabra. "¡Yo pensaba que terminaba en z! Pero ya no se me olvida que lleva una d al final. Es que hay palabras... zanahoria, por ejemplo, lleva una h entre medio, eso tiene tela". "Venir aquí me ha cambiado la vida. Llevo cinco años y ya sé leer, escribir, hacer cuentas...". Mientras habla, esta afable señora de mediana edad sostiene el lápiz en una mano y la goma de borrar en la otra. Se enfrenta a un folio con una veintena de sumas de tres cifras, la misma hoja que tienen por delante sus seis compañeras. Todas ellas rodean una amplia mesa del centro social polivalente Mujer Gades. Un centro que nació en 1989 a iniciativa de las hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, y que pretende ser un lugar referencial donde las mujeres encuentren los instrumentos necesarios para el desarrollo de su personalidad y de sus capacidades, así como para avanzar en su propio camino. En ello está la 'parvulita', como llaman a la mayor del grupo y la última en incorporarse a los talleres que se imparten en esta asociación. Hace tres meses que, con mucho esfuerzo, decidió proseguir con su vida, salir del paréntesis vital en el que se había instalado tras enviudar y haber dedicado cada día de los últimos 12 años a cuidar de su marido, impedido. Con el luto se encerró en casa, en su propio mundo, pero hace tres meses que su cuñada, la señora orgullosa de haber descubierto Madrid, con d, tiró de ella y la sacó a la calle. La llevó al centro social polivalente Mujer Gades, donde la directora, Julita Núñez, la animó -y la anima- a seguir avanzando en su propio camino. "Aún me cuesta salir de casa. Hay días que no me encuentro bien y que estoy triste, con ganas de llorar, pero aquí estoy a gusto con mis compañeras y la coordinadora. Hay un ambiente muy familiar. Y además, estoy aprendiendo". Eso sí, cuando celebran un cumpleaños, la 'parvulita' se queda en casa. "No me encuentro aún con ánimo de fiesta, y para no ponerme a llorar aquí y fastidiar a mis compañeras, mejor me quedo en casa".

La coordinadora, Concha de la Vega, explica entonces que los talleres que se imparten en el centro no sólo persiguen aportar una formación académica básica, sino también trabajar la autoestima, la inteligencia emocional y la psicología de estas mujeres, además de ahondar en la amistad, la solidaridad y la resolución de conflictos. "Todo ello con el propósito de que logren una vida más serena y plena, y de que tomen conciencia de que forman parte de la ciudadanía, pues uno de nuestros objetivos es la integración social", agrega.

"Yo desconecto y logro quitarme los problemas de la cabeza durante las dos horas y media diarias que estamos aquí. Es como si el tiempo se parara... Y como tampoco tuve la oportunidad de estudiar en su momento, estoy aprendiendo ahora", comenta la alumna más joven. Todas hablan, todas finalmente se animan a compartir su experiencia: "A mí me está ayudando a vencer mi timidez. Aún me queda, pero me dicen que he mejorado mucho". Sus compañeras asienten. "Estamos aprendiendo a leer y escribir, y eso nos está sirviendo mucho a todas, porque nos desenvolvemos mejor en nuestro día a día. ¡Ya vamos por la calle y vamos leyendo los letreros! Yo me animé a venir justo por eso, porque quería aprender, pero también estamos aprendiendo a relacionarnos, a resolver mediante el diálogo los roces que a veces surgen entre nosotras, a escuchar, a valorar la amistad y la solidaridad...". Otra voz se presenta. "Yo sufro de depresión y durante mucho tiempo no podía siquiera salir a la calle. Estaba en casa todo el día llorando, ni siquiera me guisaba... Era un trapo. Y hace un año mi hijo mayor vino a por mí y me trajo al centro. Yo no quería, pero una vez aquí Julita me animó a quedarme, y también Concha y las compañeras. Ya al segundo día conseguí irme sola para casa. Venir al centro me está ayudando mucho".

Julita, de pie junto a la mesa, las escucha y va intercalando vivencias entre sus comentarios. Les recuerda las tres obras de teatro que ya han protagonizado, los cumpleaños que han celebrado con dulces elaborados por ellas mismas, las visitas a museos, las asambleas mensuales que desarrollan para mejorar la convivencia, las clases de informática que reciben y las visitas semanales del médico Carlos, que les imparte charlas sobre salud y les informa sobre enfermedades. "Aquí no vienen sólo a calentar la silla, sino a experimentar un cambio personal, y todas están avanzando por ese camino", asegura la directora del centro social polivalente Mujer Gades.
 
(Diario de Cádiz 16-06-2013)
 
 

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